martes, 4 de febrero de 2014

Manifestaciones, activistas, Gobierno, poder, UIP...

Voy a simplificar la ecuación, quitando de ella a los cuatro niñatos con las caras tapadas, ganas de correr y de quemar contenedores y a los cuatro miembros de la UIP que puedan cometer abusos, porque si los incluyo estaría desviando el tema de lo realmente importante.

Todo activista (incluyendo en esta categoría, por dar un sentido muy amplio a la palabra, a toda aquella persona que acude a una manifestación convocada) lucha por o contra una causa, al menos, que cree justa. 

En los tiempos que corren, nos encontramos con miles de manifestaciones al año, pero solo algunas de ellas salen en los medios de comunicación, curiosamente, suelen ser aquellas que terminan con cargas policiales, porque está claro que nada de lo que se reivindica tiene eco si no hay "carnaza" de por medio, cuestión, que tal vez, si me apetece, trate otro día.

La secuencia suele ser: se convoca manifestación, se realiza manifestación, se acaba la manifestación y, al final, las cargas.

Bien, empecemos por el principio, sin perder de vista, en ningún momento, que estamos en un Estado de Derecho, es decir, la ley está para ser cumplida por todos y existen mecanismos para hacerla cumplir llegado el caso.

El derecho a manifestarse está regulado en nuestra Constitución (norma suprema) dentro de los derechos fundamentales, es decir, su aplicación es directa y está especialmente protegido. Por otro lado, también nuestra CE dice, que estas reuniones deben ser comunicadas previamente cuando se vayan a realizar en lugares públicos. Posteriormente, una ley orgánica establece una serie de requisitos mínimos para garantizar el orden y la seguridad ciudadana en estos casos.

Es decir, los activistas que quieran convocar una manifestación deben comunicarlo a la Delegación del Gobierno o Subdelegación correspondiente, indicando hora de inicio, hora de finalización, recorridos y cuántos aspectos sean de interés para que por parte de la autoridad pública se pueda garantizar la seguridad y el perfecto desarrollo de la reunión.

El problema comienza cuando, dada la situación actual, un gran sector de la sociedad cree y padece que el sistema está viciado, que no cumple los objetivos que le son propios y que el poder está fuertemente corrompido, que no son escuchados y que su parte de soberanía, también proclamada en la Constitución, está siendo vilmente vilipendiada. En ese momento, la desobediencia civil cobra fuerza, para una gran mayoría es la única vía para que se produzca un cambio que consideran real y justamente necesario, lo consideran, firmemente, el único camino para recuperar o mejorar la situación.

Sirva lo anterior de introducción para lo que realmente quiero expresar en estos párrafos.

Hasta ahora han pasado dos cosas en las manifestaciones que han terminado con cargas. O bien se han comunicado y una vez pasada la hora de finalización, la gente ha continuado en el sitio de reunión o, directamente, no se han comunicado oficialmente. Ambos casos, son actos de desobediencia civil, que, como ha demostrado la Historia a lo largo de los siglos, es una manera efectiva de recuperar o conseguir derechos arrebatados por el poder. De manera, que es muy probable que en un futuro tengamos mucho que agradecer a todas estas personas.

Para mí, el problema comienza cuando los "desobedientes civiles" no asumen que lo que están haciendo, por mucho que sea por un bien futuro, está fuera de la legalidad o, peor aún, cuando sufren las consecuencias, empiezan con los lloriqueos, es que nos pegan, es que nos desalojan, es que nos multan, es que nos detienen...es que...es que...

Cuando estás luchando contra un sistema y lo haces fuera de las reglas establecidas, tienes que dar por hecho y concienciarte de que la lucha va a ser larga y de que vas a tener que sufrir consecuencias. 

Para muchos de estos activistas, Gandhi, Mandela y otros, son verdaderos ejemplos a seguir, pero solo en lo que han conseguido, no en el cómo. Ellos, con una gran fortaleza y determinación, lucharon contra un sistema y cuando éste les azotaba, no lloraban, nunca pretendieron que el "enemigo" les tratara bien, sabían que no lo haría y por eso, se levantaban una vez de tras de otra y continuaban con su lucha y con sus consecuencias.

Y ahora, me traslado al otro lado, me voy a la parte del poder. No olvidemos, que aunque los que están arriba se pasen las leyes por la entrepierna, están ahí para garantizar su cumplimiento y que nuestra propia Constitución les da las herramientas necesarias.

Si un Gobierno de una nación permite la desobediencia civil, el único resultado posible es una anarquía, refiriéndome a su segunda acepción "Desorden, confusión o barullo por ausencia o flaqueza de una autoridad". 

Así que, en mi opinión, como es todo lo anterior, es muy legítimo y más que conveniente, que una vez que el horario de la manifestación ha terminado o cuando ésta no es comunicada, llegado un punto, la disuelva. Y no nos engañemos, no pasan cinco minutos y sin más se lían a pegar a todo el mundo, intentar que parezca que es eso lo que pasa es intentar engañar tanto como el poder. 

Normalmente pasa mucho tiempo y no es  hasta que empiezan los primeros disturbios cuando la UIP entra en acción, aguantando previamente la insolencia y mala educación de la gente, cuando no se convierten en diana de botes y otros objetos y, se puede decir, que va en el sueldo, muy mal pagado esto desde luego, de manera que no lo digo como justificación de nada, solo como dato.

Y lo mejor de todo es cuando tras sufrir insultos, escupitajos o botellazos, no olvidemos que detrás de cada uniforme hay una persona, se les pide, cuando no se les exige, que como ciudadanos que son (parece que eso solo se tiene en cuenta en este excepcional momento), que den la espalda a su obligación, a su razón laboral de ser y que "se pongan de parte del pueblo", es decir, de quienes están incumpliendo una ley que, además, les agreden verbal y físicamente durante la manifestación y, posteriormente, durante horas y días, a través de las redes sociales.

Aún recuerdo el maravilloso momento en que durante los comienzos del 15M, manifestaciones ilegales pero pacíficas que buscaban la implicación de todo el mundo en la solución de un problema que nos afecta a todos, incluidas las personas que trabajan en la UIP, este compartamiento consiguió lo que ahora se pide, que estas personas a las que también les han bajado el sueldo y subido los impuestos, tuvieran el gesto de quitarse los cascos, un hecho simbólico, pero muy importante.

Queridos activistas, hay en países que la policía hace ese grandísimo y valiente gesto más a menudo, pero es en aquellos, detalle que se os olvida, en el que los respetan y verdaderamente los tratan como conciudadanos, los respaldan, no como aquí.

Y por último, una simple observación, los activistas tienen tanto derecho a manifestarse publicamente durante el tiempo que soliciten, como aquel sector de la ciudadanía que no comparte esas reivindicaciones a circular por esas vías...estáis luchando por algo justo, lo veo así, pero tanto respeto debéis solicitar vosotros, como darlo y la falta de esto último, es el principal motivo de mi desencanto general, con "los de arriba" y con "los de abajo".