jueves, 25 de julio de 2013

Con una mirada de aliento...

Ayer, a las 21:00 horas me enteraba del trágico accidente. Siguiéndolo por Twitter, Intereconomía, que, aunque parezca mentira, fue el único medio nacional que anuló su programación desde el primer momento para centrarse en lo sucedido; y TVG que hizo una gran labor informativa, además de anular toda la carga de su web para poder ofrecer el directo a través de un internet sobrecargado.

Las horas de la noche fueron de alerta en primer momento, absorviendo todo lo que podía, sin ir más allá de recabar información, intentando enterarme de lo sucedido, tras el primer estado y una vez advertida la dimensión de la tragedia, entré en estado de protección, veía y oía todo como si de un suceso irreal se tratase. Después, intenté irme a dormir, pero una sensación parecida a la de abandono me invadía y no me dejaba conciliar el sueño, es absurdo, porque a más de 700 km poco podía hacer. Tras levantarme y estar un rato más enganchada a Twitter, finalmente me fui a dormir aunque con una sensación de impotencia terrible.

Esta mañana me he levantado con la tristeza instalada y sin poder dejar de pensar en ello, he cogido el coche para ir a trabajar y me he chocado con uno que estaba aparcado, sin darme cuenta, sin más, he dejado una nota en el parabrisas y he continuado mi camino como si nada, sin apartar la mente de lo sucedido, he llegado al pueblo donde trabajo y he visto que no había coches y me ha extrañado fugazmente, como esos pensamientos que tenemos a los que no hacemos caso, he llegado a la puerta de mi trabajo y estaba cerrada y hasta que no tenía las llaves en la mano no he caído en que hoy es festivo y no tenía que haber ido a trabajar. Aún así, he entrado y he cogido trabajo para traérmelo a casa, no sé con que absurda intención, tal y como va la mañana.

He vuelto a Toledo y he ido directa al banco de sangre a donar, tras esperar mi turno, la tensión por los suelos me ha impedido hacerlo, me han dicho que vuelva en una semana, ni tan siquiera he podido hacer eso.

Después, he ido a unos recados, pero estaba deseando volver a casa, tenía la sensación de estar vagando por las calles de Toledo, sin consciencia total de mis actos.

Con un nudo en la garganta he encendido el ordenador y me he dispuesto a escribir todo esto que me quema y de alguna manera  no me deja centrarme.

Ayer, en Galicia, una vez más, se demostró que, a pesar de todo, cuando hace falta estamos y son tantos los protagonistas que espero no dejarme a nadie, porque son ellos, pensar en toda esa gente la que me tiene así...

El orden no importa, al final todos son parte de un todo...

El maquinista, que aún no sabemos su grado de responsabilidad en los hechos, es la primera de todas las personas que viajaban en ese tren, vislumbra el desastre...es cuestión de un segundo, tal vez milésimas, pero sin saber el alcance, es consciente de que va a suceder una tragedia antes que nadie.

Los pasajeros...el tren descarrila y ese viaje, en la que la mayor parte de ellos seguramente iban a Galicia a celebrar la festividad de Santiago, se convierte en su mayor pesadilla, en los primeros momentos el pánico tuvo que invadir sus cuerpos, después...después no quiero ni pensarlo.

Una vez que el accidente ocurre se activan los protocolos de emergencia y al lugar, en cuestión de minutos, comienzan a llegar los primeros dispositivos, policía nacional, policía local, guardia civil, bomberos y personal sanitario, me imagino el segundo de impacto ante la imagen de vagones volcados en las vías y algunos de ellos en la calzada, pero tras ese breve instante, se ponen las corazas a las que su trabajo diario les acostumbra y se ponen manos a la obra.

En menos de una hora, todo el caos inicial está bajo control, el dispositivo de emergencia está funcionando perfectamente, la policía dirige, los bomberos facilitan el acceso y el personal sanitario atiende a los pasajeros. Pero allí, no están solo ellos, son múltiples los vecinos que han bajado a esas vías a ayudar en todo lo posible.

Ante el número de personas fallecidas se necesitan mantas para poder taparlas, se da una voz de alerta y en menos de 15 minutos hay un gran número de mantas disponibles, la gente ha corrido tanto la voz, como desde sus casas con ellas...finalmente se consiguen mantas de sobra.

Salen los primeros heridos que han de ser trasladados al hospital, se da la segunda voz de alarma, son muchos los afectados, las pérdidas de sangre de los heridos y las operaciones a los que tienen que ser sometidos hace necesario abastecer los bancos de sangre, se prevé que no va a haber suficiente.

Una vez más la voz se corre como la pólvora y 20 minutos después se tienen que habilitar nuevos puntos de donación, la afluencia es masiva. Para poner orden y ser eficientes el mensaje es claro, 0- y A- con carné de donante, evitando así una pérdida de tiempo esencial en estos momentos, son donantes universales y haber donado otras veces es una mínima, pero garantía al fin y al cabo, de que la sangre es válida y no hay que someterla a otros tipos de análisis...finalmente se consigue sangre de sobra.

Al mismo tiempo, en estos casos muchas cosas ocurren en el mismo momento, los bomberos gallegos que habían iniciado una huelga indefinida se ponen a total disposición.

Médicos, enfermeros, asistentes técnicos y demás personal sanitario fuera de servicio o incluso despedidos meses antes acuden al hospital a ayudar.

Policías y Guardia Civiles de los alrededores son llamados y muchos de ellos pasaron la noche pegados al teléfono, esperando, como no lo habían hecho hasta ahora seguramente, que sonara y se requiriese su presencia....finalmente hay efectivos de sobra.

Al día siguiente, hoy, una nueva necesidad, se necesitan psicólogos expertos en este tipo de situaciones, se da la voz de alarma y en cuestión de minutos, una hora tal vez...finalmente hay psicólogos de sobra.
Los gallegos más lejanos al lugar, pegados a los noticieros, con el corazón en un puño y esperando cualquier petición de la autoridades para acudir a lo que entienden como un acto de solidaridad prioritario, en estos momentos, nada importa más que lo que está sucediendo.

Pero el sentimiento de pena y tristeza llega a todos los rincones de España, este país tan diverso y que a veces parece tan dividido, es solo uno cuando una desgracia cae sobre él.

Profesionales de todas partes de España deseando poder estar ahí para echar una mano, personas de todas la ciudades expresando sus condolencias a los familiares de las víctimas y ánimos para los heridos y familia, todos, en nuestras casas, preguntándonos que podemos hacer.

Una tragedia así nos deja huella a todos y saca lo mejor de cada uno, incluso de quienes no saben desprenderse de lo que en esos momentos no tiene importancia y cargan, ya como costumbre, contra los problemas diarios, creo que es su forma de expresar la impotencia y la rabia de que cosas así sucedan.

Esos profesionales y esas personas que bajaron a las vías a ayudar, que han pasado la noche sin dormir, sin dar un respiro, porque saben que lo más importante en toda esta historia son los pasajeros y sus familias, nada más importa que sacar cuanto antes a toda esa gente que está viviendo un infierno que comenzó unas horas (eternas horas) antes, cuando un tren descarriló.

No quiero entrar en el aspecto que más me afecta, el de ponerme en el lugar de esas personas que han vivido directamente y de cerca esta tragedia, porque duele tanto solo imaginárselo que es difícil contener las lágrimas.

A pesar de la tristeza y el dolor, no puedo evitar que también habite en mí un sentimiento de orgullo, por mi país, al que adoro, por sus gentes, demostrando nuestro valor real como seres humanos cuando las circunstancias así lo piden y es que finalmente... hay solidaridad de sobra.

Hoy, Galicia está de luto y desde toda España los acompañamos en su duelo.

Solo me queda mirar hacia esa tierra, tan suya como nuestra, con una mirada de aliento...